lunes, 3 de octubre de 2016

Vacaciones En Italia (II Parte): Siena, San Gimignano Y Florencia

En la segunda parte de mi viaje por Italia os voy a presentar Siena, San Gimignano y Florencia, y os voy a descubrir lugares únicos y poco conocidos que no os podéis perder.

It this second part of my trip around Italy I wanna show you Siena, San Gimignano and Florence, and some secret spots you can't miss.

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Podéis ver la primera etapa de nuestro viaje, Roma, en el post que publiqué la semana pasada.

El tercer día en el país alquilamos un coche (bueno, ya lo había alquilado desde España unos días antes) y no sin ciertos problemas técnicos para darle alegría a la cosa salimos de Roma más tarde de lo previsto en dirección a Siena, a unos 230 km al noroeste de la capital.

Siena es el corazón medieval de la Toscana, y merece mucho la pena disfrutar de los paisajes que se atraviesan hasta llegar a ella, porque son preciosos. Es una ciudad muy pequeñita que se ve en una mañana (si no entras a museos y demás), y su mayor distintivo es la Piazza del Campo, con forma ovalada y suelos en pendiente, y donde se celebran todos los años las famosas -y polémicas- carreras del Palio, la Catedral y la Iglesia de Santa Catalina. Allí comimos después de dar un buen paseo y salimos en dirección a San Gimignano. Aviso: no se puede entrar en coche en el centro de Siena, así que hay que aparcarlo un poco lejos y caminar. Por eso, lo mejor es llevar ropa cómoda y calzado plano, que además hay mucha calle empedrada. En mi caso, opté por un jersey a rayas, como cantaban Los Inhumanos:

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Camiseta de Zara, Pantalones de Purificación García, Alpargatas de La Tienda de Valentina, Gafas Rayban

Desde Siena fuimos, como bien nos recomendó Clara, a San Gimignano, a unos 45 minutos en coche. El desvío mereció la pena no sólo por ver la Nueva York medieval, como se la conoce por la cantidad de torres que tiene, sino porque allí está la heladería que en los últimos años siempre ha ganado el premio a mejor helado del mundo. Como no podía ser de otra manera, me encargué de preguntar dónde estaba y de comprobar por mí misma si ese premio es merecido o no. Y doy fe de que sí, definitivamente lo merecen.

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Estáis deseando que os lo diga... La heladería se llama Dondoli, y lo mejor es dejarse aconsejar en cuanto a los sabores

Por último, cogimos el coche una hora y media más para llegar al anochecer a Florencia. Podría poner cientos de fotos de esta impresionante ciudad, pero mejor os cuento las pinceladas más importantes.

Es una ciudad que se puede recorrer perfectamente andando, llena de vida y arte. A cada paso te encuentras una escultura, un edificio, cualquier detalle que te confirma por qué Florencia tiene la fama que tiene. Como en Roma, mi recomendación es que según los días que vayas a estar programes las zonas y lugares a visitar. Nosotros cuando llegamos al hotel dimos un paseo para hacer un reconocimiento por encima y calcular las distancias, y acabamos cenando en un lugar muy curioso que nos recomendó Clara, la Antica Trattoria da Tito, en la via San Gallo 112. Es un restaurante muy informal lleno de turistas y locales donde comer buena carne. Lo más curioso, sus paredes.

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Para compensar los excesos de pizza y pasta, "un poquito" de carne en la Antica Trattoria da Tito

Al día siguiente empezamos bien temprano nuestro recorrido. Como entrar a la Galleria della Accademia para ver la auténtica estatua del David de Miguel Angel era misión imposible, nos fuimos directamente a comprar la entrada para ver la catedral, la cúpula, el campanile, el baptisterio y el museo del Duomo. Es un pase que vale para dos días, así que puedes distribuirte bien las cosas que ves si hay demasiadas colas (nosotros al final no subimos a la cúpula porque la cola era de mínimo 3 horas y después de esperar al sol había que subir andando 400 y pico escalones, así que pasamos palabra). Me encantó todo. Todo. Una arquitectura muy diferente a la de Roma (y parecida a la de Siena) con mármoles blancos y verdes y muchísimo detalle.

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Camiseta de H&M, Pantalones de Primark, Zapatillas de Primark, Bolso de una tienda de Altea

Para no agobiaros con todas las iglesias que vimos, os digo sólo las imperdibles: Santa María Annunziata, Orsammichele y Santa María Novella. Muuuuuy bonitas.

Pero como no todo iba a ser ver iglesias, también nos dedicamos a explorar la ciudad. Y por explorar me refiero a pasear por su Piazza de la Republica,  subir a la terraza del centro comercial La Rinascente y tomar un café con vistas.

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¡Y yo no tomo café!

O a dejarnos llevar, adentrarnos en callejones escondidos y descubir espacios únicos para comer algo ligero rodeados de buena música, plantas y relax, como en La Piazzeta.

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Eso sí, el día no podía terminar sin seguir paseando hasta llegar al Ponte Vecchio, que es otra maravilla. Hay que verlo por dentro, obviamente, pero también es muy bonito caminar hasta el siguiente puente para verlo desde lejos:

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Para terminar la jornada, cenamos al más puro estilo florentino tomando unos aperitivi. Básicamente consiste en pagar unos 10-15€ por la bebida y luego poder picar todo lo que te apetezca de una mesa con diferentes platos fríos y calientes en plan informal.

Al día siguiente, volvimos a patearnos la ciudad viendo la Piazza de la Signoria y la lonja que hay junto a ella (si os gusta la escultura tanto como a mí preparaos para morir de éxtasis), el Palazzo Vecchio, el Palazzo Pitti por fuera -era lunes y estaba cerrado para nuestra desgracia, porque al parecer son impresionantes tanto el palacio como los jardines-, la Capilla de los Medici, el Mercado de San Lorenzo (si os gustan los artículos de piel, es vuestro sitio) y la Plaza de Santa Croce. Parecen muchas cosas, pero como están tan cerca unas de otras se llega a pasar varias veces por cada una de ellas. Punto para Florencia.

Para comer fuimos a la Osteria Gatto e la Volpe, en Via Ghibellina 151, y no podía haber una mejor recomendación de Clara. Tranquila, apartada del bullicio, a muy buen precio y con unos platos exquisitos. La bruschetta y la pasta que comimos allí fueron inolvidables -y ya las he probado a hacer en casa con un poco menos de acierto-.

El día lo terminamos subiendo al mirador de Piazzale Michelangelo, con unas vistas alucinantes del atardecer en la ciudad. Aquello parece el Café del Mar de Ibiza con la cantidad de gente que se sienta en las escaleras a verlo, pero es normal. Justo debajo está el Jardín de Rosas, que también es muy bonito de ver. Y volver paseando de noche al centro de la ciudad, pararse a ver a algún cantante callejero en el Ponte Vecchio y pararse en el Mercado del Porcellino a ponerle una moneda en la boca al jabalí para ver si vuelves a Florencia es una gozada. Por cierto, a mí me salió que no voy a volver, pero eso está por ver...

Nuestra última cena en Florencia la hicimos de camino al hotel, en un lugar que nos había llamado la atención y que se llama La Menagere, en Via de Ginori 8. Es un multiespacio donde puedes tomar café, comprar flores u objetos de decoración, comer, cenar y tomar una copa o un cóctel. Un sitio de los que nos gustan a David y a mí y que os enseñé en esta foto de mi Instagram.

Y para terminar el post, mis particulares recomendaciones si vais a estas tres increíbles ciudades:

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A la izquierda: Uno que no se quería perder todo lo que pasaba en la plaza de la Catedral, así que os sigo recomendando que miréis hacia arriba de vez en cuando.

En el centro: más versiones propias de señales de tráfico de los italianos.

A la derecha: Cóctel en La Menagere.

¿Habéis estado en Florencia? ¿Qué sitio recomendaríais por encima de todos los demás?

En la próxima y última entrega os voy a enseñar una zona de Italia relativamente poco conocida que os va a encantar -y que fue prácticamente el motivo principal de que yo quisiera hacer este viaje- y nuestro último destino, Venecia. ¡No os lo perdáis!