miércoles, 28 de septiembre de 2016

Vacaciones En Italia (I Parte): Roma

Buongiorno! Llevo semanas deseando enseñaros mis vacaciones en Italia, sobretodo para que toméis nota de sitios y planes chulos que hacer cuando vayáis. Vamos a empezar por Roma, la primera etapa de este inolvidable viaje.

Buongiorno! I'm dying to show you my Italian trip, mostly in order to give you some good ideas about where to go and what to do when being there. Let's start with Rome, our first stop.

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Lo primero que quiero decir es que, aparte de mis investigaciones previas en Internet (que son algo que me encanta cuando organizo grandes viajes como este), este periplo por tierras italianas no habría sido lo mismo sin la inestimable ayuda de mi amiga Clara, periodista por vocación y guía turística por profesión. Una medio italiana como ella, que se conoce el país como la palma de su mano, era la mejor fuente a la que podía recurrir para no perderme nada y saltarme lo que es prescindible -pocas cosas, la verdad-. Os recomiendo que la sigáis en su perfil de Facebook, Periodista y tirando del turista, porque decubriréis cosas súper interesantes de los lugares que visita.

Pero yendo ya al meollo de la cuestión del post, que es mi viaje, empecemos. No hay nada como despertarte el día que tu vuelo sale hacia Roma y ver en las noticias que un terremoto fortísimo ha sacudido el país y que el caos reina por doquier. Aunque afortunadamente nuestro avión llegó sin problemas al aeropuerto de Fiumicino, el lío vino cuando ningún medio de transporte público salía de la terminal porque había fuegos rodeando la ciudad y todo estaba cortado. Por eso os recomiendo coger un taxi, que tienen una tarifa fija de 48€ por llevaros a cualquier punto del centro de la ciudad, maletas incluidas, y os quitáis de líos, colas y arrastre de maletas. Yo aprendí esto después de una hora y media dando vueltas por el aeropuerto intentando que alguien nos aclarara algo...

A nuestra llegada al hotel a las 17:00, salimos corriendo a empezar a aprovechar las maravillas de Roma, en la que íbamos a pasar dos días y medio (tres noches). Clara nos había mandado una buena guía de lugares que no podíamos perdernos, así que nos dispusimos a patear mucho. Roma es una ciudad muy grande pero que se ve muy bien andando, así que os recomiendo llevar un calzado cómodo, ropa ligera si vais en verano -hace muuuuuuucho calor- y alguna tirita que otra. Por la botella de agua no os preocupéis, que hay fuentes por doquier donde beber un poco.

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Top de Stradivarius, Pantalones de Sfera, Alpargatas de La Tienda de Valentina, Chaqueta de encaje de Primark (para entrar a las iglesias, pues no puedes llevar los hombros al aire). El bolso fue un regalo.

Mi recomendación es que, según los días que vayáis a pasar, dividáis los lugares a visitar en función de dónde se encuentren. Como nuestro hotel estaba muy cerca de la Piazza del Popolo, al norte, empezamos desde allí y fuimos bajando hacia el sur. La primera tarde vimos esa plaza, los jardines de Villa Borghese (que tienen unas bonitas vistas de la ciudad), bajamos por la Via di Ripetta paralela al río Tíber, cruzamos al Castello Sant Angelo y vimos la Plaza de San Pedro por fuera. Esto nos llevó unas dos horas.

Después cruzamos de nuevo el río para ver el Campo de' Fiori, que en mi opinión es una plaza preciosa, y allí hicimos la primera turistada: comprarnos un helado típico italiano. No era de los realmente artesanales, como me recomendó Clara, pero la caminata lo merecía.

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Después de la parada técnica seguimos paseando por esa zona, que es donde está el barrio judío (hay una sinagoga preciosa, pero no se puede entrar) y la isla Tiberina en medio del Tíber -es la isla habitada más pequeña del mundo, tiene su gracia verla-; además, los márgenes del río están habilitados y hay varios barcos restaurante súper chulos. Podríamos haber bajado un poco más para llegar a la famosa Boca de la Verdad, pero Clara me dijo que está siempre rodeada de hordas de turistas japoneses, así que nos la saltamos y ya tenemos una excusa más para volver a Roma.

La siguiente dirección que tomamos fue la del mirador del Gianicolo. Clara nos lo había recomendado fervientemente, así que allí que nos fuimos. Lo que no esperábamos eran las cuestas que había que subir, pero merecieron la pena por ver la preciosa fuente que hay allí y las vistas de toda la ciudad. Además, desde allí bajamos al Trastevere, el barrio bohemio, donde cenamos nuestra primera pizza de verdad.

Aunque no lo creáis, todo eso lo hicimos la primera tarde. Llegamos al hotel bien cansados, pero maravillados por todo lo que estábamos viendo. Al día siguiente nos levantamos bien temprano para aprovechar bien el día. Nosotros cuando vamos a una ciudad por primera vez somos más de patearla y vivir sus calles, la vida de sus habitantes, sus edificios y su energía. Por eso esta vez no pasamos mucho tiempo visitando museos o exposiciones que estoy segura que merecen mucho la pena pero que nos habrían hecho perdernos muchas cosas.

Desde la Piazza del Popolo bajamos por Via del Corso (perfecta si las compras son lo tuyo) hasta la Piazza di Spagna. Una pena que sus escaleras estuvieran cerradas por restauración, pero aún así una preciosidad que no hay que perderse. Callejeando desde allí pasamos por Via Condotti (con todas las tiendas de lujo, una pasada) y llegamos hasta la Fontana di Trevi. Alucinante. No hay palabras para describirla, y recomiendo además que la veáis tanto de día como de noche. Nosotros además tuvimos la suerte de que un chico le pidió matrimonio a su novia allí mismo y no sabéis la que se lió de aplausos y vítores. ;)

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No es la mejor foto que tengo de allí, pero sí la única donde salgo sola. Alucinante la cantidad de personas que hay en la Fontana día y noche. Aún así, uno de mis lugares favoritos de la ciudad.

Bajando un poco más llegamos a la Piazza Venezia, que me pareció la típica estampa de Roma con un tráfico caótico y vespas por doquier. En ella está el monumento a Vittorio Emmanuele, y a pesar de que a los romanos no les gusta mucho porque dicen que les tapó las vistas del Coliseo, a mí me encantó. Justo al lado está también la columna de Trajano, que es otra pasada del arte y la arquitectura sobretodo teniendo en cuenta la época en la que se hizo.

Para comer decidimos ir a la zona de la Piazza Navona, que es también una preciosidad. Merece la pena pararse un poco a ver detenidamente las dos fuentes que hay en ella. Una de las cosas que más me ha gustado de Roma es su majestuosidad y la riqueza escultórica que tiene. Para mí la escultura es un arte que admiro muchísimo, y en la capital italiana, al igual que en Florencia, he disfrutado muchísimo en ese sentido.

No os digo nada del restaurante donde comimos porque fue una trattoria bastante normalita. Eso sí, cayó otro helado para merendar. Creo que en este viaje he comido más helados que en toda mi vida... 

Otro monumento que no hay que perderse, cerca de la Piazza Navona, es el Panteón de Agripa. Muy curioso arquitectónicamente. Y lleno de turistas también.

El día lo terminamos paseando por los Foros, que es donde se fundó Roma y te dejan maravillado de lo que se creó hace tanto tiempo, y con una visita nocturna al Coliseo. Disfrutamos mucho conociendo la historia de un monumento tan conocido y desconocido a la vez. Yo reservé las entradas por Internet desde España en la web www.rome-museum.com y me salieron bastante mejor de precio que a otras personas que me habían contado la experiencia. Antes de la visita cenamos en un restaurante con una terraza con vistas al Coliseo que estaba bastante bien, pero no me acuerdo del nombre. Soy una blogger de viajes estupenda.

Para terminar la jornada, volvimos caminando al hotel para caer rendidos en la cama. Después de 21 kilómetros andando -estos móviles de ahora te lo chivan todo-, nos acostamos con los deberes de turistas bien hechos.

Nuestro tercer y último día en la ciudad eterna lo dedicamos a ver tres basílicas que no podíamos perdernos por nada del mundo -y eso que yo no soy nada religiosa-. Empezamos por el Vaticano y sus maravillosas colas para entrar, mejores aún cuando son a pleno sol de agosto. Eso sí, una vez que entras en la Basílica de San Pedro se te olvida todo. Tener la boca abierta todo el rato es decir poco de ella. Creo que no veré nada igual nunca. Y os recomiendo no dejar de subir a la cúpula, aunque haya que pagar. Confiad en mí y flipad. No digo más. Eso sí, preparaos para subir unos cuantos escalones (hay ascensor pero sólo los primeros 200 y pico, luego quedan 300 y pico más que hay que hacer a pata) por pasillos muy estrechos. Pero merecerá la pena.

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Camiseta Blumarine, pantalones de Zara y alpargatas de La Tienda de Valentina.

Después del Vaticano, y como el siguiente sitio al que queríamos ir estaba en la otra punta de la ciudad y nuestros pobres pies se estaban rebelando, decidimos hacer otra turistada pero que resultó de lo más acertado: sacar tickets para un autobús de CitySightSeeing (los rojos descubiertos de dos plantas que te llevan por los sitios típicos de la ciudad y de los que puedes ir subiendo y bajando cuando quieres). Los 20€ cada uno mejor gastados del día: con la audioguía descubrimos cosas de sitios que ya habíamos visitado, volvimos a bajar en los que más nos gustaban y llegamos a donde queríamos sin cansarnos mucho. 

Las siguientes paradas que hicimos fueron en la Basílica de Santa María Maggiore y en la iglesia de San Juan de Letrán. Creo que fueron las dos más bonitas que vi en el viaje, después de la Basílica de San Pedro, así que no puedo dejar de recomendarlas.

Para terminar el día y nuestras últimas horas en Roma, decidimos cenar cerca de nuestro hotel. Y la verdad es que fue todo un acierto porque era una trattoria típica romana a la que van los que viven en la ciudad y la camarera que nos atendió, gaditana, nos recomendó súper bien lo que pedir para salirnos de la ensalada caprese y las pizzas que todos los españoles erróneamente pedimos. Se llama L'Osteria Di Cicerone y está en Via Cicerone, cerca del Castello Sant Angelo.

En fin, este es el resumen (un poco largo, lo sé, pero quería daros todos los detalles posibles) de nuestros dos días y medio en Roma. Por último, os voy a recomendar algunas cosas:

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A la izquierda: probad los helados de la Magnum Store, aunque sólo sea porque en España no hay. Luego ya coméis los helados típicos italianos. En mi cuenta de Instagram tenéis un vídeo de cómo los hacen.

En el centro: la pizza que nos recomendaron en L'Osteria Di Cicerone. Dejaos recomendar por los camareros de los restaurantes, acertarán en el 90% de los casos.

A la derecha: mirad hacia arriba de vez en cuando, porque los italianos le han buscado el humor y el arte a las señaes de tráfico...

No es por nada, pero después de sólo dos días en Roma ya empecé a sentirme 100% italiana. Si os fijáis en esta foto, y completamente sin querer, casi formaba parte de la bandera del país (verde a la izquierda con las plantas, blanco en el centro conmigo y rojo a la derecha con la pared). ¡Ni a caso hecho habría salido una foto así!

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En la próxima entrega, Siena, San Gimignano y Florencia. Un poquito más corta, eso sí, que tenéis vidas que vivir.

¿Habéis estado en Roma o Italia alguna vez? ¿Qué es lo que más os gustó?