miércoles, 28 de octubre de 2015

Qué Hacer, Qué Ver (Y Qué Ponerse) En Gran Cañón, Monument Valley Y Antelope Canyon

Segunda entrega de nuestra aventura por EEUU, esta vez para contaros qué hacer en el Gran Cañón, Monument Valley y Antelope Canyon. Tres parques nacionales que, en mi opinión, no podéis perderos si vais a ese país. Y, por supuesto, mi opinión sobre lo que debéis poneros.

Grand Canyon National Park, Monument Valley and Antelope Canyon were the second, third and fourth stops in our roadtrip. I recommend visiting this National Parks whenever you're in the westcoast, since they are amazing. Continue reading to convince yourself.


Desde Los Ángeles hasta el Gran Cañón (por cierto, pinchando podéis leer el post sobre Los Ángeles y mis recomendaciones para viajar a USA) hay unos 600 km en coche, pero no os asustéis porque se hacen cortos. Sobretodo si en algún tramo del viaje os salís de la autopista y recorréis unas cuantas millas por la famosa Ruta 66, que hoy en día es una carretera de doble sentido bastante dejada pero en la que te encuentras sitios muy pintorescos como una gasolinera abandonada que hoy es una tienda de regalos y recuerdos -muy chulos, por cierto- y que tiene coches antiguos como estos:


Para llegar al parque entraréis en el estado de Arizona, yo no pude resistirme a hacerle una foto al cartel (a lo largo del viaje por estos tres parques de los que os voy a hablar se entra y sale de Arizona y Utah en varias ocasiones):


La entrada al parque son 30$ por coche hasta 4 personas, y es válida para diez días, lo que me pareció un precio más que razonable. Sobretodo cuando días después fuimos a Antelope Canyon, ya veréis.

En cuanto a alojamiento en el Gran Cañón, aunque la agencia de viajes nos proponía en un principio un hotel que no estaba mal, investigué otro que me recomendó una amiga (gracias, Lucía) y resultó que, además de ser bastante más barato, estaba dentro del parque (el otro estaba a varias millas de la entrada, lo cual no es recomendable si quieres ver el amanecer en el parque y no tener que madrugar más todavía). Se llama Yavapai Lodge y nos gustó mucho la amabilidad de la gente y que estaba bastante bien en cuanto a comodidad, limpieza y amenities. A mí me recordaba un poco a un albergue, pero con habitaciones individuales. Es cierto que una vez allí vimos otros hoteles que aparentemente tenían unas vistas alucinantes del cañón, pero eran bastante más caros y además estaban llenos en esa época. Uno de ellos es el Bright Angel.


Una de las cosas que me encantó fue lo bien organizado que estaba todo. Al llegar te entregan mucha información del parque con todo lo que necesitas saber: mapas, dónde están los hoteles, tiendas y puntos de información, hora de la salida y la puesta de sol de varios días, rutas de los autobuses del parque... Esto último, los autobuses, es genial para ver todo el cañón (bueno, la parte sur, porque para llegar a la parte norte hacían falta cuatro horas de coche; lo normal es que se vea sólo una de ellas, y la sur es la más visitada). Había tres rutas diferentes y los autobuses iban haciendo varias paradas en puntos estratégicos para que bajaras donde quisieras a ver las vistas. Luego, podías esperar al siguiente autobús o seguir por las rutas especiales para ir a pie hasta el siguiente punto. Todo súper bien señalizado -aunque la primera tarde que llegamos nosotros nos pusimos a andar hacia el hotel desde un mirador y yo muy valiente decía "que es por aquí, tranquilo, no te preocupes" y obviamente acabamos perdidos, de noche, sin ver un pijo, en medio del parque y con David bufando a mis espaldas y esperando a que nos asaltar un jaguar o cualquier bestia salvaje. Al final lo que salió fue un autobús que nos recogió y nos llevó a nuestro destino y yo me llevé una pequeña bronca de David-.

Para cenar y comer hay algunos restaurantes y cafeterías, aunque nosotros preferimos comprar algunas cosas en el supermercado y cenar en la habitación. Me encantó ver a gente comprando leña para hacer hogueras y los típicos marshmallows que queman en el fuego colgando de un palo... Muy americano.


Al día siguiene a nuestra llegada, cogimos uno de los autobuses de una de las rutas y paramos y caminamos por varios puntos preciosos. Las vistas son sobrecogedoras. Por mucho que os cuente, por mucho que os ponga fotos, es algo que hay que ver en persona. Además, se respira mucha paz por el silencio que hay. Reconozco que el Gran Cañón no era algo que me llamara mucho la atención y después de haber estado puedo decir que mereció muchísimo la pena.

[Segunda foto que pongo de David. Como se entere verás...]

Como nuestra agenda estaba bastante planificada, dedicamos esa mañana a ver el parque y luego nos fuimos camino a Monument Valley. No obstante, creo que para disfrutar del Gran Cañón en todo su esplendor lo mínimo son dos noches allí. Para ver anochecer y amanecer en varios puntos, que dicen que son los momentos más alucinantes -nosotros no madrugamos tanto, qué le vamos a hacer-.

Eso sí, antes de irnos no me resistí a inaugurar mi serie de videos-con-salto-en-lugares-emblemáticos del viaje:

video


La tercera etapa del viaje fue Monument Valley, que se encuentra en plena reserva de los indios navajos en Utah. Un lugar mágico, con unas vistas que parecen un poster y recuerdan un poco a la película "Encuentros en la tercera fase" (al menos a mí). Nuestro pequeño error fue no caer en que estábamos en pleno puente del Labor day e ir sin hotel contratado, así que casi nos toca quedarnos a dormir en el coche porque los hoteles de dentro del parque estaban completos o nos pedían una burrada por pasar la noche (nos llegaron a ofrecer hasta una tienda de campaña en una especie de hotel de caravanas por 80$). Al final conseguimos un motel en Kayenta, un pueblo a 30 millas del parque. Por eso pasamos muy poco tiempo allí. Por eso y porque los indios navajos son, por decirlo suavemente, bastante poco amables -con excepciones, eso sí-. Pero vistas como esta te hacen olvidar los percances:




Dentro del parque (la entrada era, por cierto, 20$ por coche) hay un hotel con un restaurante en el que puedes comer o cenar con estas vistas en su terraza. Nada mal, ¿eh?

Al día siguiente partimos hacia Page, Arizona, donde está Antelope Canyon. Tuvimos el mismo problema: todos los hoteles del pueblo completos. Y no había más en muchas millas a la redonda. Y teníamos la entrada a Antelope Canyon reservada -porque conviene sacarla con antelación por internet porque hay mucha, muchísima demanda- para el día siguiente por la mañana temprano. Al final, hablando con una gente que alquilaba habiataciones en su casa pero las tenía ocupadas todas, conocimos a Lori, que alquilaba una habitación en la suya y la tenía libre -y más barata que en muchos hoteles-. Aunque a David no le hacía mucha gracia la idea de dormir en casa de una desconocida, la experiencia fue genial. Lori un encanto, la habitación genial y todo perfecto. Desde luego, cuando vuelva a EEUU pienso recurrir a ese tipo de alojamiento muchas más veces porque allí lo tienen súper bien organizado. Además, Lori nos recomendó un sitio para cenar en el pueblo que nos encantó: mesas y bancos corridos para cenar junto a la gente del lugar, comida típica y un grupo country en el escenario. ¡Fue genial! Quien quiera el contacto de Lori, por cierto, que me lo pida sin problema.

Por la mañana, como os decía, fuimos a ver Antelope Canyon. Conviene reservar con antelación, como he puesto antes, porque hay mucha demanda y las entradas que venden in situ se agotan en segundos. A pesar de los 48$ por persona que hay que pagar para una visita de 45 minutos, pero que merece muchísimo la pena como veréis ahora en las fotos. Además, así podéis elegir las mejores horas para ir (que son a partir de las 11 porque así los rayos de sol están perpendiculares y ya entenderéis por qué). Nosotros reservamos en la web de Navajo Tours (todas cobran lo mismo y enseñan lo mismo, pero es la que nos recomendaron). Los navajos, también aquí, poco simpáticos la mayoría. Una cosa curiosa: me llamó muchísimo la atención no ver gente de color ni en Monument Valley ni en Antelope Canyon, y resulta que el día anterior, que fuimos a ver si podíamos cambiar las entradas al parque de hora, nos paró una pareja de color para preguntarnos si a nosotros también nos habían dicho que no quedaban entradas porque pensaban que se lo habían dicho sólo a ellos porque eran negros...

La visita al cañón se hace en grupos de 15 personas, y te llevan hasta la entrada en unas camionetas muy curiosas. Una vez allí, entras acompañado de un guía que te cuenta, sobretodo, cómo hacer las mejores fotos pero metiéndote mucha prisa (#truestory).

En fin, os podría poner las decenas de fotos que hicimos en Antelope Canyon, pero creo que una pequeña muestra os servirá para haceros una idea. Eso sí, nada como verlo en persona. Palabrita.


[Personas de color no vi ni una, pero japoneses e hindúes, a punta pala]



Dos buenos planes que se pueden hacer en Page, por cierto, es ir al lago Powell, que está al lado y está acondicionado para navegar por él e incluso tiene una zona como de playa para bañarse (10$ la entrada, también es parque nacional) y, por supuesto, no dejar de ver Horseshoe Bend, un meandro del río Colorado con una vista alucinante. Y lo mejor es que es gratis (de momento). Mirad qué maravilla:

[Desde aquí arriba la gente se ponía de espaldas a hacerse selfies. Nosotros hicimos la foto tumbados del miedo que da el precipicio. Cobardes...]

Y hasta aquí el post, que ya está bien, ¿no? Eso sí, no sin antes recomendaros que para ir a estos parques nacionales echéis en la maleta unas zapatillas cómodas, vaqueros, camisetas de manga corta y alguna sudadera y pañuelo para el cuello porque la diferencia de temperatura entre la primera hora del día, el mediodía y la noche es grande, una buena gorra y mucha protección solar. ¡¡Y una mochila!!

[Gorra del Gran Cañón vintage, camiseta del mercadillo de Oliva, sudadera de Bershka, vaqueros de Sfera, zapatillas de Primark y Gafas de Purificación García]